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Para entender la historia de Cristina Ayuso como artista habría que contar paralelamente la HISTORIA DE UNA PIEL, una piel que revistió durante años el sillón de la sala de estar de la casa familiar. Era un sillón robusto, cómodo y perfectamente colocado en el espacio de la sala, el sillón más ansiado y anhelado por Cristina en su niñez… años más tarde descubriría que no era el sillón lo que tanto deseaba sino el contacto con su piel… aunque a eso llegaremos más tarde. Cristina Ayuso comenzó su formación artística en la Escuela de Artes y Oficios de Murcia, donde estudió un ciclo formativo de grado superior de Artes aplicadas a la escultura, seguidamente se mudó a Altea para continuar sus estudios universitarios en la facultad de bellas artes… Pero realmente este no es lo que nos interesa, lo importante es que la piel seguía adaptada a la forma de aquel sillón esperando a que Cristina volviera en vacaciones o algún fin de semana esporádico. Llegando el ecuador de los estudios universitarios de la joven artista hubo dos grandes acontecimientos que revolucionaron la familia: Cristina había sido aceptada en la Coventry University para cursar su penúltimo año de carrera; Por otro lado el sillón de la sala “ya estaba feo”, había que volverlo a tapizar. Obviamente ambas noticias generaron la alegría, desconcierto, ilusión y vértigo que todo cambio conlleva. La “niña” volaba lejos y la robustez del sillón de piel iba a ser atenuada por una tapicería azul con florecitas blancas. Ya casi con la maleta completada para marchar a Inglaterra Cristina vio la piel sin forma tirada en el suelo junto a la basura, con agujeros de los remaches y zonas más claras y oscuras dependiendo del roce, del contacto. Con un gesto rápido la dobló, la metió en la maleta y lo más importante, consiguió cerrarla…así sin pensar, como el que mete para un viaje en el último momento un jersey que luego es paradójicamente el que más usa. La piel acompañó a Cristina no solo un año sino los dos que finalmente cursó en Coventry para finalizar allí su carrera. Durante este tiempo la piel permanecía junto a ella bajo el lema “esto puede servir para algo”… y sirvió. En la primavera de su último año de universidad llegó el momento que todo artista-estudiante desea y teme por igual: Crear una obra que diga “esto soy yo como artista”, el proyecto fin de carrera. Con el mismo gesto casual, instintivo y aparentemente anecdótico con el que en su momento metió la piel en la maleta, Cristina comenzó a jugar con la piel plegándola, poniéndola sobre un soporte de fisonomía humana previamente tallado… y cuando se quiso dar cuenta un montón de poliespan tallado, púas, arandelas y por supuesto esa piel habían dado lugar al profundo rostro de una anciana. Bello y desconcertante como la esencia del ser humano. Era su primera obra: “El ama” Y aparentemente aquí terminaría la historia de aquella piel…pero resulta que es el principio. Aquella piel había alcanzado su verdadero destino dando forma a un busto de mujer anciana y generando, como buena cabeza de familia, toda una serie de bustos con otras pieles en las que la forma dejaban traslucir un alma profunda e inquietante. Actualmente una nueva generación ha nacido, y si antes la forma dejaba traslucir el alma de la obra ahora todo se ha invertido y es el alma la que domina la pieza dando como resultado una forma. Seres aparentemente oníricos o mágicos que para la artista no son tal ya que reflejan la realidad mágica que tiene en su interior el ser humano. Esa esencia mágica en la que rara vez nos reconocemos pero que en momentos de la vida se nos revela como una ensoñación. Aquella anciana, aquella piel, sigue siendo la madre y abuela de todos los demás. Y aunque en cada paso, en cada generación evolucionemos, cambiemos e incluso enmendemos errores, como a todo antepasado y ancestro hay que venerarlo y agradecerle que somos quienes somos y que nos ha dado la vida.

Rocio Bernal